viernes, 13 de junio de 2014

Biodegradación de tóxicos sin producir residuos

Un grupo de investigadores andaluces, pertenecientes a la empresa Bio-iliberis y al CSIC, han conseguido desarrollar varias bacterias que están siendo utilizadas en procesos biotecnológicos para eliminar contaminantes ambientales.
La empresa Bio-Iliberis R&D y científicos del CSIC han obtenido nuevos microorganismos que ayudan a la biodegradación de tóxicos sin generar residuos.Se han realizado análisis en más de 100 ambientes contaminados, entre los que se encuentran sedimentos marinos, ríos y suelos forestales.
El proyecto ha permitido explorar el mundo de los microbios para obtener nuevas bacterias que permitan la degradación de grasas y aceites, nitratos, hidrocarburos del petróleo y fenoles a partir de agua o suelos contaminados. Para llegar a tener éxito en el desarrollo de nuevas técnicas en la eliminación de productos tóxicos ha sido necesario conocer las poblaciones microbianas presentes en más de 100 ambientes contaminados.
En concreto, los análisis realizados han ido dirigidos a la identificación de los microorganismos presentes en los diferentes ambientes y sus genes, así como la búsqueda de enzimas de interés industrial. Estas investigaciones han permitido a los científicos avanzar en un campo hasta el momento inexplorado ya que la rápida expansión y sofisticación de la industria han incrementado la cantidad y complejidad de los residuos tóxicos.
Asimismo, el proyecto está sirviendo para eliminar el concepto de enfermedad de la palabra bacteria, ya que en realidad, la mayoría de las bacterias son beneficiosas para el hombre y el medio ambiente. De hecho, las bacterias son organismos que están siendo utilizados en un buen número de procesos biotecnológicos que permiten la obtención de alimentos o aditivos alimentarios, medicamentos, fertilizantes, etc.
Estas investigaciones relacionadas con el desarrollo de técnicas biológicas que permiten la eliminación de contaminantes representan la respuesta para alcanzar un desarrollo industrial sostenible. Para Juan Luis Ramos, director de la investigación y científico del Programa Consolider, “el progreso tecnológico y el avance de la civilización no son incompatibles con el mantenimiento del equilibrio ecológico, pero el ser humano tiene que saber armonizarlos y para ello es necesario que se protejan los recursos naturales y se tome conciencia de que el saneamiento ambiental es esencial para el mantenimiento de la vida sobre nuestro planeta”.


Los dinosaurios, ni sangre fría ni caliente

Los animales de sangre fría, como los reptiles, mantienen su temperatura corporal aprovechando el calor del entorno; en los de sangre caliente, como los mamíferos y las aves, es su metabolismo, su propio organismo, el que se encarga de conservar a nivel adecuado esa temperatura. Sobre los dinosaurios se viene debatiendo el asunto desde hace tiempo porque, si se consideraba tradicionalmente que estarían entre los primeros, los animales de sangre fría o ectotermos, desde hace unos años empezó a ganar terreno la teoría, en principio herética, de que serían de sangre caliente, o endotermos. Ahora unos científicos que han estudiado casi 400 animales (unos extintos y otros actuales) concluyen que esa dicotomía ectotermos/endotermos es demasiado simplista y que los dinosaurios estarían a mitad de camino, con un metabolismo intermedio entre la sangre caliente y la sangre fría, como algunos tiburones, atunes, o grandes tortugas marinas, según afirman en la revista Science, en la que presentan sus resultados.
El asunto es importante porque los animales de sangre caliente son más activos, más energéticos, con un crecimiento rápido, frente a los más dependientes de la energía captada del exterior, de los de sangre fría. Los dinosaurios, señalan John M.Grady (Universidad de Nuevo México en Albuquerque, EE UU) y sus colegas, están más bien entre los mesotermos, animales que pueden aumentar ellos mismos su temperatura corporal, pero no mantenerla siempre al nivel adecuado, explica en Science Michael Balter. La ectotermia, “requiere mucha menos energía del entorno; el animal no se puede alimentar en condiciones de frío y tiene una capacidad limitada de mantener mucha actividad incluso cuando le calienta el Sol”, señala Roger Seymour, zoólogo de la Universidad de Adelaida (Australia), citado por Balter. El enorme tiranosaurio Rex, por ejemplo, necesitaba tales cantidades de alimento para vivir, tanta energía para lograrlo, que como endodermo “probablemente habría muerto de hambre”, señala Grady.
No es tarea fácil determinar qué metabolismo tendrían unos animales que existieron hace millones de años, si regulaban el calor corporal interna o externamente. Y la aportación esencial de Grady y sus colegas es el método que han desarrollado para ello, basado no solo en la tasa de crecimiento anual del animal, que queda reflejado en los huesos y, por tanto, en los fósiles, sino en los patrones de desarrollo corporal a medida que el animal va creciendo desde el nacimiento hasta convertirse en un adulto. La inmensa mayoría de los animales están en la categoría de los energéticos endodermos, de crecimiento rápido y alta tasa de metabolismo, o en la de los ectodermos, con ambos factores bajos. Pero estos científicos han encontrado también un puñado de especies (algunos tiburones, atunes y reptiles como las grandes tortugas marinas) que parecen estar en esa situación intermedia como los dinosaurios, apunta Balter, aunque las tasas de crecimiento de estos varían entre unas especies y otras.
Grady y su equipo conjeturan que la mesotermia habría permitido a los dinosaurios crecer mucho en tamaño con un coste energético comparativamente bajo. Y Robert Eagle, de Caltech (EE UU), apunta que en un planeta más cálido que ahora, tampoco era necesario ser un animal completamente endodermo.
“Los dinosaurios dominaron el flujo de materia y energía en los ecosistemas terrestres durante más de 135 millones de años”, escriben Grady y su equipo en Science. “Por lo tanto, nuestros resultados tienen implicaciones importantes para comprender los antiguos ecosistemas del mesozoico”.