lunes, 26 de mayo de 2014

Dos alumnos pierden la beca por la indemnización del seísmo de Lorca

El 11 de mayo de 2011 Mario Torres y Alejandro Palacios, alumnos de ingeniería en la Universidad Politécnica de Cartagena, perdieron sus casas en el terremoto de Lorca (Murcia); y también perdieron la beca de estudios en cuanto sus familias ingresaron los 80.000 euros de indemnización por el destrozo del seísmo. Lo que les han dado por un lado se lo han quitado por otro. El Ministerio de Educación considera que no cumplen los requisitos económicos para obtener una beca —sí los académicos, pues son alumnos brillantes— porque la cuenta de sus padres engordó el año pasado. Ese dinero lo han gastado, lógico, en levantar sus casas derrumbadas.
Fuentes de Educación explican que las becas se tramitan con un sistema informático que no discrimina el origen de la renta. Por eso animan a los estudiantes a que recurran pues en estos casos se es “flexible”. En las próximas semanas presentarán el recurso de reposición con el respaldo de su universidad. 
Mario y Alejandro, que no se conocían, cuentan que la ayuda se les denegó en diciembre y que ya habían alegado explicando los motivos del aumento de su patrimonio. “Lo que pasa es que ahora han leído el artículo en el periódico La Verdad y se echan atrás”, concluyen.
Los 80.000 euros los han gastado en levantar las casas derrumbadas

Los alumnos critican la nueva organización de la especialidad

A los recortes en personal y financieros del sistema sanitario, se suma otro factor de inquietud: la reforma del sistema MIR. El decreto de troncalidad cambia estos estudios de posgrado —indispensables para ejercer—, y crea cinco macroespecialidades (tronco médico, quirúrgico, psiquiátrico, de imagen y de laboratorio y diagnóstico clínico), aparte de una serie de especialidades sin asignar (ocho, entre ellas dermatología y pediatría). El real decreto de troncalidad está en fase de borrador y básicamente consiste en que al estudiar la especialidad en el MIR, hay unas áreas comunes que duran dos años, y luego dos años más especializados. Por ejemplo, tanto el graduado que quiera ser alergólogo como el que quiera ser neurólogo cursarán el tronco médico, y tendrán dos años de formación común. Luego deberán estudiar dos años específicos, en lugar de los cuatro de especialización (o cinco) que hay ahora.
La idea del Ministerio de Sanidad es que todos los que cursen uno de esos troncos tengan dos años comunes y, el resto, de especialización. Se supone que así habrá más flexibilidad, y los estudiantes tendrán más tiempo para decantarse por su especialidad. Además, en caso de que algún profesional quiera reespecializarse en el futuro, lo tendrá más fácil.
Pero no todos lo ven así. El presidente de la Coordinadora Estatal de Estudiantes de Medicina, Juan Pablo Carrasco, afirma: “Con ello se reduce la capacidad de elección, y crea inseguridades porque no se fija un tiempo máximo para la parte optativa”. El vicepresidente de la CEEM, Álvaro Cerame, añade: “Además, si luego quieres hacer lo que llaman área de capacitación específica”, que es una especialización que se hace tras el MIR, “hay que hacer primero un tronco. La formación se te puede poner en 20 años”. “Y la flexibilidad no es tal. Hay gente que tiene muy claro lo que quiere hacer, pero si empiezas el tronco médico y luego quieres ir a cirugía, tienes que repetir el MIR y los dos años de troncalidad”. “Dicen que es para planificar, pero solo planifican los dos primeros años”, critica Cerame.
No son los únicos críticos. Los expertos en enfermedades infecciosas y los de urgencias no están conformes con el tronco que les ha correspondido, por ejemplo. Hasta el consejero de Sanidad de Madrid, Javier Rodríguez, declaró hace un mes en un congreso de periodistas sanitarios que si él fuera estudiante, “tampoco estaría de acuerdo”.